Donde usted podrá leer
y otros ser leídos.
La noche ha confundido
a quien no conoce al día
y confío a mis pupilas
caminar tras el ocaso.

Regreso hacia un pueblo
en mitad de la frontera,
separa el 'si tú quisieras'
del avanza más despacio.

Sabes qué es lo que siento,
tú que ya has vivido,
tanto y mucho más que yo.

Si bajo esta ropa
hay un cuerpo desnudo 
¿Acaso no es así para los dos?
Y puedo sentir el color
de cada lugar que has pisado.
Es casi un don, oculto en el amargor
de mirarte con los ojos de un extraño.

Te veré en nuestro jardín
para espantar los males.
Qué el romero y el espliego
oculten los puñales,
qué los dejen a la espera,
a ver quién se atreviera,
a sangrar golpes mortales
y a ser lluvia en nuestra Tierra. 



Fragmento invitado
J. Emigdio

Escorpion sunset farewell



- Tienes un t̶o̶r̶s̶o̶ tronco muy bonito, Escorpión.- pienso, pero no digo. Como siempre.

Esta vez ha escogido un escenario más bucólico para des- y aparecer. Cae el sol en uno de esos pasteles cielos rosas majestuosos. De mis preferidos en esta ciudad ambivalente: nórdica en invierno y mediterránea en verano. Escorpio no tiene claro si lo es o no.

- La verdad es que nunca me ha despertado mucho interés. - me confiesa.

Adelanta en una señal verde su despedida y se precipita al horizonte antes de que la noche caiga a sus p̶i̶e̶s̶ patas. A nadie le gusta quedarse a oscuras a medio camino. Entreveo los últimos Mitarbeiter de una Firma entre los cristales de un edificio, que ahora mismo, hacen de espejo a los últimos reflejos solares. Se avecina el amanecer de un satélite. Yo sigo parada considerando, como siempre, cuál será la banda sonora que estará a la altura de mi vuelta. Escorpión vuelve la cabeza a media trayectoria antes de que se lo coma la avenida y gritando me desvela:

- Si no quieres monstruos en tus pesadillas, deja de invocarlos en tus sueños.

Me sonrí­e pí­caro. Me quedo plantada. Se gira y se adentra a la joven noche que me espera de camino. Asiento pensativa. Ya lo decí­a I., que con los escorpios nunca se sabe. Pero aunque quiera buscarle la naturaleza negativa y espere siempre el veneno en cualquier momento, por primera vez, ya no me asustan los aguijones. Voy a cuidarle las patitas y amarrarme a las pinzas que me ofrece. Mis dos gemelos sonríen como gesto de aprobación.

Doy el primer impulso a la última carrera del día y pienso que hoy, hoy voy a querer soñar con Libras.

Núria Frías

No es un manifiesto.

3 de 3


Cuéntame más, dime que no eres capaz de crear si no estás borracho, dime que la vida es lo
primero que sentiste y lo último que te importa. Dime todas las mentiras que se te ocurran
porque existo para escucharlas. Escucha la mía.

En el cambio al medievo, te cuento, pasamos de pensar en el Laocoonte a concebir paredes
demasiado gruesas, sin vidrieras. De la Tique al ajedrezado jaqués y yo en el durante
perdido. No puedo sino pensar que la pérdida de riqueza técnica viene dada por la creencia
de la existencia no vivida. La fe como frontera última. Así que, la copa en la mano, te
pregunto: ¿Mata la fe al arte porque el arte es síntoma de la enfermedad de la vida?
Tu respuesta, como comprenderás, es imaginaria.

Porque una fe en la vida que tendrás es tan fuerte como la fe en la vida que podrías tener. El
sacrificio de la técnica por lo pseudo-profundo es el sacrifico de lo técnico por la siguiente
vida, la vida real. No luchas por una próxima vida, luchas por una inmortalidad tan real como
es Instagram. Yo te aplaudo. Sólo quiero que lo consigas. Por eso de que el arte tiene que
abandonar el ritual, por eso de la devoción que podré llegar a tenerte, por el ruido que
hacen mis altavoces cuando nada suena. Por todos mis dolores de cabeza.




Shik, shak, shukk




Por donde entra el aprendiz.
Que si una manta lleva en la cabeza que si un cable hdmi.
No es por menta ni fresa que su mezcla me da risa,
Aque juegas tormentilla
en tu mirada me perdí.


Menez

Los trenes vacíos del corona.


Hay algo en esa imagen que me fascina. Desde la ventana de Tempelhofer Ufer 12, en frente del canal que llega hasta Maybachufer, pasan sin cesar ferrocarriles vacíos. Me fijo en ellos sobre todo por la noche, cuando pasan volando a diez metros de altura sobre el canal. Pasan zumbando como abejorros en medio de la oscuridad. Los ferrocarriles de serie F, que desde el año 73 recorren la línea 3, siguen sobrevolando Berlín, esta vez sin pasajeros.

La dignidad del que sigue durante años atendiendo su pequeña tienda de comestibles, aun sabiendo que ya nadie viene a comprar. Que el supermercado de la esquina se ha llevado a casi todos sus clientes, pero ella decide mantener abierta su tiendecita, reponiendo con cariño, limpiando, buscando nuevos productos, incluso de un modo más metódico que antes.

Los vagones siguen recorriendo las vías, sin confesarse que ya nadie los usa, con la belleza del hacer por hacer. Una infraestructura pensada para transportar masas a sus lugares de producción, convertida en arte. La instalación de arte más potente que se aloja estos días en la capital, es sin duda el flujo de trenes vacíos que sobrevuelan el Landwehrkanal. 

Marcos Nacar