Donde usted podrá leer
y otros ser leídos.









La noche ha confundido
a quien no conoce al día
y confío a mis pupilas
caminar tras el ocaso.

Regreso hacia un pueblo
en mitad de la frontera,
separa el 'si tú quisieras'
del avanza más despacio.

Sabes qué es lo que siento,
tú que ya has vivido,
tanto y mucho más que yo.

Si bajo esta ropa
hay un cuerpo desnudo 
¿Acaso no es así para los dos?
Y puedo sentir el color
de cada lugar que has pisado.
Es casi un don, oculto en el amargor
de mirarte con los ojos de un extraño.

Te veré en nuestro jardín
para espantar los males.
Qué el romero y el espliego
oculten los puñales,
qué los dejen a la espera,
a ver quién se atreviera,
a sangrar golpes mortales
y a ser lluvia en nuestra Tierra. 



Fragmento invitado
J. Emigdio

JUEVES 19:21h 



Sentada delante del ordenador escribiendo esto, hundo un poco más la bolsita de té para probar la capacidad respiratoria de las hierbas.

Es divertido desafiar mi creatividad. Hay veces que me preparo todo un super kit (que no tengo) de super escritora (que no soy) para levantar la tapa del ordenador (de eso si que tengo). Encenderlo. Poner la Page(s) in white y mirarle hasta las entrañas. Esperar 10 minutos. Teclear alguna frase. Dudar. Abrir el navegador. Buscar como hacer tortillas veganas sin huevo. Ya estamos otra vez. Que bonita es la procrastinación.

Y hay otras que me viene como una arcada que sé que si no me vomito encima es todo un logro. Normalmente, estos días son los que me pregunto sobre mi existencia. Siento que mi vida no tiene ningún sentido. BUM. Como que de repente estoy aturdida y parada en medio de una avenida gigantesca como la de enfrente de mi casa y no para de pasar gente con sus envidiables vidas energéticas. Yo les observo y les miro atentamente. Hasta que uno me grita: “¡Cómprate una vida!” Y otro se anima: ¡Y decídete ya! Pero yo sigo allí remisa, incapaz de dar un paso y pensando en gritar: ¡Gracias por la mierda de consejo, señores! (En mi imaginario sí, son señores, blancos, de mediana edad y con maletín). Seguramente si encontrara alguien que tuviera claro el sentido de la vida le aconsejaría (porque me conozco) que se lo guardara bien, porque posiblemente iría a robárselo. La parálisis es una sensación que no busco, pero tampoco freno. 

Me planteo entonces que me gustaría ser pequeña para poder esconderme detrás de las piernas de los adultos. Amarrarte a un ser superior sabiendo que va a decidir lo que cree que es mejor para ti, lo proyecto en mi mente como una sensación de alivio. Solo he comunicado el espanto que me supone la vida y como respuesta me han regalado el gesto cariñoso de recorrerme la mano por la espalda.

Que bonito es escribir para no tener que decir las cosas en voz alta. A veces suenan demasiado fuertes. Escritas puedo camuflarlas en un pedante chasqueo con la boca que sentencia la ignorancia del otro, una mirada por sobre el hombro: “Literatura, chiqui”. El chiqui no lo diría, pero me da risa pensar que sería capaz de utilizarla. Mecanismos de defensa, always.

Estoy bien mamá, es sólo que soy sensible como a veces me reprocha la vida e intensa como vivo ésta. Voy a seguir escuchando música triste y poner más agua a calentar. Se me ha vuelto a enfriar el té.

Núria Frías


El síndrome persecutorio



Todos se habían puesto de acuerdo. Los guapos, los feos, los gordos, los flacos, los grandes y los pequeños, todos al unísono decidieron que correr cada día era un requisito fundamental para salvar las almas de la gente en la faz de la tierra. Y yo, que siempre me había considerado guapo y si no listo bien apañado, vi a toda esa gente corriendo hacia mi en manada y gritando y enseñando los dientes con hachas en la mano y espaldas kilométricas, y entonces tuve miedo. Quien soportaría la presión, quien se daría media vuelta y seguiría con su vida mientras se acercan a ti con toda la mala idea... y por eso es que empecé yo también señoría, día tras día. Sufrí correteando por las calles de algún barrio de Berlín, desorientado; y allí seguían ellos, corriendo detrás de mi, con cuchillos en la boca y biceps mutantes hipertrofiados, desafiantes, y muy pero que muy enfadados.

Andrés Troitiño




A Sam


Cuando llegué a Berlín, quise escribir sobre Bogotá y cuando quise escribir sobre Bogotá, me dio nostalgia y lo dejé.
Me propuse escribir sobre la existencia en oscuros rincones de bares y discotecas pero las ganas se me quitaban apenas llegaban. Años antes de irme, le prometí a mi profesora de español que no pararía nunca de escribir y me ha costado mucho mantenerle mi palabra.
Ya exiliado quise escribirle a mi equipo de fútbol y entre madrugadas infernales y directivos autócratas me despojaron de ganas. Decidí entonces, escribir historias cotidianas alejadas de mí y no lo conseguí porque la rutina en el trabajo me mantenía cansado, sin creatividad y pensando en números. A ella claro que le empecé a escribir, aunque fue tanto el miedo que me hizo sentir, que le guardé mis palabras en un baúl sin llave. A Lore siempre quise escribirle más y desde que se quitó la vida, me da tristeza y vergüenza pensar en todo lo que le pude haberle escrito.
Nevó una vez y escribí sobre ello una carta completa, lastimosamente, el impulso duró poco porque empezó la cuarentena y el mundo se llenó de mejores reflexiones.
Traté de escribir en alemán y sólo funcionó hasta cierto punto, ya que a mis pensamientos se acomodaron al idioma pero yo no pude abusar de éste y así escribir no tiene gracia. Escribir requiere de disciplina y yo no la tengo.
No importa, hoy quise escribirle a mi perro que murió hace poco. El no sabía ni le interesaba leer pero me acompañaba cuando escribía. Debo muchas letras pero a él quiero regalarle las primeras. Me haces mucha falta perrito, descansa porque te lo mereces.

Christian Hamann




Los trenes vacíos del corona.


Hay algo en esa imagen que me fascina. Desde la ventana de Tempelhofer Ufer 12, en frente del canal que llega hasta Maybachufer, pasan sin cesar ferrocarriles vacíos. Me fijo en ellos sobre todo por la noche, cuando pasan volando a diez metros de altura sobre el canal. Pasan zumbando como abejorros en medio de la oscuridad. Los ferrocarriles de serie F, que desde el año 73 recorren la línea 3, siguen sobrevolando Berlín, esta vez sin pasajeros.

La dignidad del que sigue durante años atendiendo su pequeña tienda de comestibles, aun sabiendo que ya nadie viene a comprar. Que el supermercado de la esquina se ha llevado a casi todos sus clientes, pero ella decide mantener abierta su tiendecita, reponiendo con cariño, limpiando, buscando nuevos productos, incluso de un modo más metódico que antes.

Los vagones siguen recorriendo las vías, sin confesarse que ya nadie los usa, con la belleza del hacer por hacer. Una infraestructura pensada para transportar masas a sus lugares de producción, convertida en arte. La instalación de arte más potente que se aloja estos días en la capital, es sin duda el flujo de trenes vacíos que sobrevuelan el Landwehrkanal. 

Marcos Nacar