El síndrome persecutorio



Todos se habían puesto de acuerdo. Los guapos, los feos, los gordos, los flacos, los grandes y los pequeños, todos al unísono decidieron que correr cada día era un requisito fundamental para salvar las almas de la gente en la faz de la tierra. Y yo, que siempre me había considerado guapo y si no listo bien apañado, vi a toda esa gente corriendo hacia mi en manada y gritando y enseñando los dientes con hachas en la mano y espaldas kilométricas, y entonces tuve miedo. Quien soportaría la presión, quien se daría media vuelta y seguiría con su vida mientras se acercan a ti con toda la mala idea... y por eso es que empecé yo también señoría, día tras día. Sufrí correteando por las calles de algún barrio de Berlín, desorientado; y allí seguían ellos, corriendo detrás de mi, con cuchillos en la boca y biceps mutantes hipertrofiados, desafiantes, y muy pero que muy enfadados.



Las juntas


             
Las juntas de las baldosas del bar de mamá.
Al menos una vez al mes se acercaba esa mujer a limpiar el bar que regentaba mi madre. Ella era una familiar lejana, o amiga de la familia, de estas figuras que a los diez años no llegas a ubicar completamente en tu esquema de relaciones interpersonales. Recuerdo que al llegar al bar aquel día escuché a mamá tener una conversación con un cliente, intrascendente más allá de mi incapacidad de poner un filtro de prioridades sobre mi memoria, y mi interés en haceros perder el tiempo. Hablaban sobre baldosas, las juntas de las baldosas que Carmen había limpiado el día anterior. Mi madre se mostraba sorprendida ante el afán desmesurado de la mujer a la hora de frotar la cuadrícula que dibujaban los espacios entre las piezas de cerámica, y profería alabanzas ante la notable diferencia de color mientras rascaba el suelo con la punta del zapato, en un gesto tan escéptico como estéril.
Pues bien, [el tono se vuelve solemne y ligeramente agresivo] toda esa mierda había estado allí metida entre las baldosas por años, gérmenes acomodados ante la impasibilidad humana -materna si lo prefieren-, marca evidente del sucio y asqueroso paso del tiempo, metáfora del racismo invisibilizado por una sociedad cansada e individualista; y nadie, nadie nunca se había preocupado antes de que ese no fuese el tono, el verdadero y  original color de aquellas juntas. [Se vuelve dulce], Gracias Carmen.



Despeja
la incógnita



             Levanta el brazo y lo baja. Arriba, abajo, arriba, abajo. Ella guía. Arriba, abajo, arriba, abajo. Otras cuatro caras, otros ocho brazos suspendidos a media asta. Uno, dos, tres, cuatro. Se cierran las puertas tras mis ojos y me quedo allí, atrapado, y brazos suben y bajan. Uno, dos, tres, cuatro.

Mucho más tarde, una habitación verde. Un chicle masticado se estira lentamente, aguantando la tensión del peso de un cuerpo inerte el tiempo suficiente. Y despierto a ras de suelo, me incorporo y grito y doy gracias a dios, por ejemplo.

arriba - abajo / (uno + dos + tres + cuatro) + chicle = X


Despeja
la incógnita II



Dos animales en una jaula, grandes.
Dos personas fuera, pequeñas. Te
acercas y das tres vueltas
alrededor, permanecen inmóviles.
gruñes y saltas y escalas la jaula y
te golpeas el pecho, seis veces. Y
entonces te cansas, y agachas la
cabeza sentado sobre una jaula, y te
miras curioso.

Luego un ente de textura viscosa y
forma asqerosa se expande
repentinamente y vuelve a su estado
original. Late. Y entonces te
incorporas, y gritas y das gracias a
dios, por ejemplo.

Dos animales - Dos personas X + Seis
golpes en el pecho · Tres vueltas =
X



Despeja la
incógnita III


             
Habitación blanca. Te sientas en una silla, solo. Cuentas uno, y después dos, y entonces tres, y cuatro, cinco, seis, siete, ocho. Contaste números, que fueron tiempo. Tres meses de números por favor, le pediste a la dependienta. Con mucho gusto, muy amable, que tenga un buen día, muchas gracias, hasta luego, eres la persona más increíble que conocí en mi vida, muchas gracias, buena suerte, igualmente.

Después dependo, y me incorporo, y una silla se queda vacía. Gracias a dios, por ejemplo.

Con mucho gusto - dependienta = 3 meses - X