LANG
WEILE


       

Yo soy de aquellas personas que llegan con muchísimo tiempo de antelación al aeropuerto. Una vez pasado el control de seguridad, normalmente tengo frente a mi más de dos horas con absolutamente nada que hacer, salvo esperar. Y me encanta. Es un estado de limbo que espero siempre con ganas. Mi mente está completamente relajada, puedo pensar con absoluta calma y claridad. Suelo escribir reflexiones en una libreta que tengo reservada para mis momentos de espera en aeropuertos. (También soy del tipo de persona a quien le gusta tener una libreta distinta para cada cosa. Nunca termino ninguna, excepto la de los aeropuertos. ¡Ya voy por la tercera!). Ahora, reflexionando sobre ello, me parece que en esos momentos descubro uno de los lujos modernos: el aburrimiento.
En los tiempos que corren, es normal estar cansados, deprimidos, al borde del burn out, constantemente ansiosos… Pero estar plácidamente subestimulado, sin tener a la vista un punto final a esa condición, es casi inconcebible. Incluso mi preciado tiempo de espera en el aeropuerto está claramente limitado. El estar sin planes y sin la sensación de tener que ir a ningún sitio es un estado muy difícil de conseguir en una ciudad. Pero, ¡ay! Últimamente, se ha dado algo curioso. De repente, no tengo la opción de ir a ningún lado y mucho tiempo sin nada que hacer. E igual que yo, todo el mundo, cosa que elimina también el factor FOMO de un plumazo.

Parecía la situación ideal para instalarme en mi limbo de manera indefinida; pero al principio algo me lo impedía. Y es que, ah, ahí estaban las redes sociales con Instagram a la cabeza para recordarme las muchas cosas que podría estar haciendo en vez de “nada” para “aprovechar el tiempo”. No tardamos ni dos segundos en querer materializar la espera en la que estamos inmersos y, obviamente, compartirlo, porque si no queda reflejado en Instagram, ¿has aprendido realmente a hacer pan?
Si buscas la palabra “aburrimiento” en Google, la primera definición que aparece es “sensación de fastidio provocada por la falta de diversión o de interés por algo.” En cambio, en alemán, si miramos el significado epistemológico, aburrimiento o Langweile significa simplemente “un rato largo”. Ya se dice que cuando estamos aburridos, el tiempo pasa lento, aunque eso no sea necesariamente malo; simplemente no estamos acostumbrados. El hacer “nada” nos es ajeno, no tiene punto de inicio ni final predefinido, y sin ello, el espacio disponible se expande hasta el infinito. En una época de interminables estímulos vacíos, es extremadamente innovador y emocionante estar subestimulado.

Laura Cabiscol