No es un manifiesto.


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Por supuesto que el vino no iba a esperar hasta el día de tu cumpleaños. Aunque fuera lo
que dije mientras lo bajaba de la estantería. Era para mí, para ese mismo día cuando
estuviera un poco más fresco. Hacía ya tres o cuatro días que no me emborrachaba. Y más
tarde de vuelta en casa, con la botella en el balcón esperando a enfriarse, me dices “He
olvidado decirte que no tengo sacacorchos” y yo te digo que lo imaginaba, que sé que tú no
bebes y que por eso va con rosca, sacrificando calidad por practicidad. Lo saco a una
temperatura maravillosa, lo sirvo en un vaso de plástico. Ahora ya podemos seguir haciendo
lo que estábamos haciendo antes, pero a cada sorbo más compromiso, más pasión, más ya
sabes. Y para cuando yo empiezo a notar mis carrillos a una temperatura más apropiada
para la reflexión me hablas del Frei aber Einsam de Brahms y hay que charlar un poco de
esto, de lo interesantísimo que es encuadrarle en el tiempo, de que es un continuador del
romanticismo con unas formas tremendamente clásicas, de que está preludiando al fin y al
cabo un siglo XX difícil de definir, en el que habrá que hablar del modus operandi de cada
compositor por separado, de la muerte de las corrientes unificadas y unificantes. De la
mentira de los –ismos al poco de ser paridos. Porque sí. Porque así se hacen caminar las
cosas, sin querer solucionar nada, sin querer trabajarlo mucho porque eso se hace en casa.
A clase ven a tomar apuntes, no a estudiar nada. Y hay que coger todas las manzanas, las
que no valgan serán compota.
Poco a poco te voy contando que no me va muy bien últimamente, que me encuentro
desencantado con casi todo, como casi siempre. Pero esta vez es diferente, porque pensaba
haber visto la luz de algún modo. Te lo cuento haciendo fuerza en la mesa con algunos
golpecitos, andando, dando vueltas, encendiendo cigarros que dejo al borde de superficies
lisas, con sólo la ceniza sobresaliendo, al aire. Poco a poco te voy contando que quizás el
arte contemporáneo es a la experiencia estética como es el mindfullnes a la filosofía. Y me
dices que quizás, que nunca lo habías pensado tan radicalmente, pero sí que habías estado
pensando en la caída constante de personas ejemplares. Referentes. Algunos artistas
idealizados que con el tiempo se intuían falsos. Se intuían mentira. Siempre ha existido la
sospecha. Pero esta vez es diferente, te digo. Y salgo a la terraza a retomar la botella, te
pregunto si no quieres un poco y por suerte me dices que sí, que por qué no, que un día es
un día y bromeamos si no era mejor tomar vino un día antes del cumpleaños, aunque sea
por marcar la diferencia.
La referencia al Fin es tan preciosa como felativa. La referencia a la Nada es tan inquietante
como prepotente. Casi tanto como las dos últimas frases. Qué te parece. A mí me parece
que salvar tu alma me va a costar un esfuerzo.

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Entonces, en esta infinita sociedad en la que tú también puedes ser artista, en la que tu
opinión vale lo mismo que la mía, cualquiera, la búsqueda de una construcción compleja del sujeto,
su consecutivo trato de llevarla a cabo, van a hacer que de algún u otro modo
intentes formalizar materia cargada con tu ser. Con un ser que nadie ha visto,
siquiera tú con suerte, que no sabe que hay obras que no se pueden ni deben tocar, que no sabe que hay
cuadros que no se deben mirar, lugares a los que jamás habrás de ir.
En estas te encontrarás con la promesa de lo complejo, de que la nada hace referencia al todo,
del eterno agujero, de la luz que acaba cegando, del agua que ahoga si te excedes pero necesitas para seguir
vivo, de los extremos que se tocan, de un vacío lleno de ti mismo. Te encontraré sin
embargo llenando de ti un recipiente tan pequeño como la mirada de un infante.
Nunca tan inocente. Ahora espera a que me líe otro cigarro.
De repente, con el temor de no estar sufriendo una melopea tan prepotente como mi ego,
grito delante de ti la palabra neofeudalismo. Desde el primer momento espero que no sea
otro invento fruto de una borrachera pedante como lo es la concepción de la mayoría de
todos estos conceptos. En ese momento todo forma parte de una ecuación tan natural
como lo divino, como corregir la mitad de lo que escribo porque mis dedos fallan más
a cada minuto que pasa porque no deseo otra cosa.
El nacimiento que nace del deseo no es sino pureza, ¿cierto?
Los palos en la rueda.
Cómo atreverme a denostar lo que practico, a denunciar que el cambio del paradigma del
lenguaje es algo único que sólo ocurrió hace ya dos milenios sino siendo el más estricto a la hora de clavar el estoque.
El duelista que cree en la esgrima, el torero que quiere menos banderillas, el músico que desea menos letras y
más notas. Repitiendo dos veces una estructura, cambiándolo a la tercera. Desarrollos que
no van a ningún lado que no hayas visitado antes, ciudades tan bonitas como en la que
naciste. Sentimientos tan complejos como los que siempre has encontrado en el núcleo de
tu pecho.

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Cuéntame más, dime que no eres capaz de crear si no estás borracho, dime que la vida es lo
primero que sentiste y lo último que te importa. Dime todas las mentiras que se te ocurran
porque existo para escucharlas. Escucha la mía.
En el cambio al medievo, te cuento, pasamos de pensar en el Laocoonte a concebir paredes
demasiado gruesas, sin vidrieras. De la Tique al ajedrezado jaqués y yo en el durante
perdido. No puedo sino pensar que la pérdida de riqueza técnica viene dada por la creencia
de la existencia no vivida. La fe como frontera última. Así que, la copa en la mano, te
pregunto: ¿Mata la fe al arte porque el arte es síntoma de la enfermedad de la vida?
Tu respuesta, como comprenderás, es imaginaria.
Porque una fe en la vida que tendrás es tan fuerte como la fe en la vida que podrías tener. El
sacrificio de la técnica por lo pseudo-profundo es el sacrifico de lo técnico por la siguiente
vida, la vida real. No luchas por una próxima vida, luchas por una inmortalidad tan real como
es Instagram. Yo te aplaudo. Sólo quiero que lo consigas. Por eso de que el arte tiene que
abandonar el ritual, por eso de la devoción que podré llegar a tenerte, por el ruido que
hacen mis altavoces cuando nada suena. Por todos mis dolores de cabeza.






Dioscuros


             
Alternar entre cielo
E infierno
Me permite no dejar de verte
Alternar entre verte
Y mirarme
Me permite con ojos sentirlo
Muera el caballo en batalla y ven a buscarme
Locura
Finca de mi propiedad
Donde inmortal me visitaste.
Que tire la primera piedra. Ese. Tú sí tú sí tú.

Qué si te digo que en París, durante el sitio de 1870, se comieron todos los animales. Que no quedó n uno y así entendieron el por qué del zoo. Que en la variedad está el gusto y más en tiempos de vacas flacas. Que no quedó ni uno te digo. Que se comieron hasta los elefantes que allí había. Dos elefante gemelos que por serlo acabaron llamándose Cástor y Pólux. Por gemelos y por diestros. En el arte d amaestrar caballos uno. El otro por batirse en cobre el batalla con sus puños desnudos.. Varios lo vieron en vida. Que por gemelos y por haber nacido ambos dos, los elefantes, de huevos que puso la misma mujer. Eso me dices. Me tendrás que perdonar pero ya no sé a qué coño te refieres.
Al de ella la madre de los elefantes, me contestas. Mejor me voy. TIro la primera piedra. Yo, si yo, sí, yo.



Así, como los elefantes diestros en el arte de la guerra, iré a morir donde mis hermanos. Comenzaré a andar cuando lo sienta en el pecho y te lo diré tranquilo, de un color azul taimado. Mirando al suelo,
ocultando una sonrisa, te diré. Dos puntos. Vamos. Si quieres, vamos. Allá donde los vimos una vez, donde fui feliz no debí volver pero esta vez no habrá tiempo de pensar dos veces. Ni una. Vamos.
Cuando me digas no es mi camino, sabré, por fin, que tuve razón cada vez que miré los tuétanos con ternura, entre barro escondidos, al acecho de buitres que me dan los buenos días cada vez que me los
cruzo. Que dejan de sonreír si saben que no les miró. Allí iré, si mi memoria lo permite, como los elefantes diestros en el arte de la guerra, a morir donde mis hermanos. De donde nunca deb marchar. Donde fui feliz debí.

Tira la piedra. Déjala en el suelo. Ven y cuéntame qué hay en el menú, pues ya no quedan gemelos que comernos. Ven y cuéntame qué querías hacer con esa piedra que has pintado de blanco y negro como si fuera una vaca flaca, como si fuera una cebra extraña. Ven y cuéntame dónde está el acuario porque aquí no queda nada. Déjame a mí decirte cómo se llaman esos buitres porque vas a verlo varios días. Que busquen. Que tengan suerte. No dejamos ni los huesos.


  





C13 H16 N Cl O.
Cansancio.


"O cara speranza,
quel giorno sapremo anche noi
che sei la vita e sei il nulla.
Per tutti la morte ha uno sguardo."

Desde el hipercubo veo los planes claros
el cartel verde que indica la salida,
las líneas que me agarran a tu mano.
Desde el hipercubo siento el ancho de mi vida,
el espacio que ha hecho falta
para que siga aquí arriba mientras
nadie toque el suelo. Desde el hipercubo
escucho el paso de los días
la respiración de la ciudad en sus carreteras
la diástole del rojo en los pasillos.

Veo pestañas sin ojo si te miro
en mi espalda hay mil pupilas tatuadas.

Desde el hipercubo siento la memoria de tus brazos
recuerdan el mirar como la arena
esperan desde arriba ser borrados.





Título:


Aclaración precisa y extendida, a petición de los interesados, sobre el caso del pueblo, we the people,
nosotros, contra el Estado de, excepción, haber sentido en algún momento (no vinculante) que por
extraño que parezca (o parece) en el momento de escribir yo, the people, un nosotros más intimo, la
sensación de desvinculación, virtualidad o imposibilidad de relacionarme con el acusado, o nosotros,
sin que acontezcan situaciones que pudieran resultar poco o nada reales ya que la realidad es, por
definición, lo que dice el rey, incapaz de asistir hoy por asuntos de agenda extraoficiales (siendo esto
una citación oficiada) y la individualidad es, por definición, lo que digo yo si no lo decimos todos,
difícil acceso para we, the people, fácil acceso desde la seguridad que nos da la perspectiva de ser
sujetos y por tanto, estarlo a algo, quizás al “nosotros” al que con anterioridad se ha hecho referencia
para entender la autoridad de este escrito (se entienda autoridad como relación con el sujeto autor,
nada que ver con lo mandatario) y por tanto ser sujeto y estar sujeto empezará a ser entendido por
conveniencia de los que aquí redactan, escriben todos, we the people, en lo sucesivo, como lo mismo,
en un cierto guiño a los lenguajes centroeuropeos de corte menos particularizante a la hora de
referirse a la acción y más dados a matizarla con pre y su, fijos, y tratarán de dejar aclarado, de una
vez por todas, datos de indudable importancia a la hora de entender los sucesos por venir en cada
una de las ocasiones en las que objeto, sujeto, acción, prefijos y sufijos, intercedan de una forma
divertida, reseñable, en ocasiones digna de elogio, con la comprensión e integración que las formas,
gestos, actos y sucesos tienen con nuestros crecimientos desmedidos, sonidos emitidos por animales
convertidos en verbo con una desasosegante tendencia onomatopéyica, agrupaciones de estos
mismos animales que adquieren por gloria divina (lo que dice el divo), real (aclarado anteriormente) o
singular (lo que dice el/la single) diversos e inquietantes nombres que difieren siempre del único
sustantivo agrupador que se nos concede a nosotros, we the people, los que ahora escriben, que es
grupo.


Texto:

¿Quién, yo?
Sí, tú.
Yo no fui.
¿Entonces quién?