Los trenes vacíos del corona.


Hay algo en esa imagen que me fascina. Desde la ventana de Tempelhofer Ufer 12, en frente del canal que llega hasta Maybachufer, pasan sin cesar ferrocarriles vacíos. Me fijo en ellos sobre todo por la noche, cuando pasan volando a diez metros de altura sobre el canal. Pasan zumbando como abejorros en medio de la oscuridad. Los ferrocarriles de serie F, que desde el año 73 recorren la línea 3, siguen sobrevolando Berlín, esta vez sin pasajeros.

La dignidad del que sigue durante años atendiendo su pequeña tienda de comestibles, aun sabiendo que ya nadie viene a comprar. Que el supermercado de la esquina se ha llevado a casi todos sus clientes, pero ella decide mantener abierta su tiendecita, reponiendo con cariño, limpiando, buscando nuevos productos, incluso de un modo más metódico que antes.

Los vagones siguen recorriendo las vías, sin confesarse que ya nadie los usa, con la belleza del hacer por hacer. Una infraestructura pensada para transportar masas a sus lugares de producción, convertida en arte. La instalación de arte más potente que se aloja estos días en la capital, es sin duda el flujo de trenes vacíos que sobrevuelan el Landwehrkanal. 

Marcos Nacar