Dame córnea


Llevaba un vestido largo y amarillo, con piñas estampadas, se sentó a mi lado en el sofá, y se quitó las lentillas

- Toma, esto es lo que he visto hoy. - Me dijo mientras me las daba


Dejamos las imágenes secando encima del teclado del portátil,

después las metí en los restos del café con hielo para que se conservasen algunas.


Desde ese día mendigo lentillas.

- ¿Las vas a tirar? -

Y como un pervertido, como si tuviese algún tipo de parafilia desconocida, las recojo con cuidado con un pañuelo mojado el alcohol. Las guardo en una cajita de plástico llena de formol, les pongo una fecha y las meto en un pequeño frigorífico que he instalado en el armario de mi habitación.


En días nostálgicos, elijo  una fecha al azar, me pongo las lentillas de cualquiera y me tumbo en la cama a ver lo que vieron ese día.






Submarino a Vardar



LLevamos 124 días de misión. Hoy es uno de los más duros. Ayer perdí los 47 cm que van desde la cabecera de mi litera hasta la de Malkovich, ayer me reclamó ese trozo de tierra que llevaba usando desde que partimos. Me dijo que era su turno, le dije que lo compartiéramos, me dijo que llevaba usándolo yo solo desde el principio, que le tocaba a él. Me negué en redondo, le dije que era poseedor de aquel espacio, que no habíamos acordado dividirlo por días, y que era injusto presentarlo así. Después de dos horas de discusión lo sometimos a asamblea. Todos votaron en mi contra, hasta Ashley, ella siempre me apoya, pero esta vez quiso disimular.


Ahora he puesto a los pies de mi cama la bolsa que reposaba en esos 47 cm durante los 124 primeros días, es incómodo. Malkovich duerme como un cerdo saciado y su respiración de cerdo saciado no me deja dormir. Me gustaría subir a la litera de Ashley y despertarla haciéndole notar mi erección. Cuando lo hago siempre acaba agarrándomela medio dormida y metiéndosela, luego se vuelve a dormir y me deja acabar dentro. Pero eso sólo pasa cuando Malkovich se queda dormido borracho en la banqueta de la cocina y Negrini se ha tragado tantos ansiolíticos que no se entera de nada.


Aquí nuestro único trabajo es no volvernos locos. Yo soy un difidente, no me fio ni de mi mismo. Es sospechoso, el gesto circular de la muñeca de Negrini al lavarse los dientes. Aplica demasiada presión. Puedes notar que está descargando su rabia haciendo sangrar la encía. Prefiero que se perfore la encía a que me acuse de cualquier locura, pero es sospechoso, y no creo que le quede mucha encía al final de la misión, así que solo le quedaré yo para acusar.


Ashley ha entrado en estado vegetativo, casi no habla, parece inmune a todo. Yo siempre le digo que tiene que posicionarse. Que tiene que ser clara,  pararle los pies al cerdo de Malkovich. Ayer fueron los 47 cm de la cabecera de mi litera a la suya, mañana si no hacemos nada, seremos nosotros. Tengo que confrontarlo delante de todos, por la mañana, cuando Negrini no vaya ciego de ansiolíticos y justo cuando Ashley haya acabado de hacer ejercicio, es el único momento en que recupera un poco de ímpetu. Además al cerdo de Malkovich le cuesta levantarse. Hay que apuñalarlo cuando aún no tenga la lengua vívida.


Son casi las 7, aún no he pegado ojo, el cerdo de Malkovich sigue roncando y mañana es el gran día. Pienso que podría levantarme y clavarle el bolígrafo en un ojo por accidente. Con un ojo perforado se volvería un cachorrito herido y dócil, con una marca de tinta de por vida en la cavidad ocular. Y yo podría metérsela a Ashley siempre que me diera la gana. Lo cual aseguraría mi supervivencia hasta que llegásemos a vardar y mi descendencia una vez llegados.


Ashley se ha despertado y ha ha empezado a correr pasillo arriba pasillo abajo, yendo de las literas a la cocina y viceversa. Negrini se ha sentado en la banqueta, mientras se calienta el café. El cerdo de Malkovich se revuelca en su cama, aún quiere dormir más el muy cerdo.Si sigue durmiendo así va a tener mucha más energía que yo. A largo plazo estoy perdido. Tengo que hacerlo ahora.


Ashley acaba de correr y se sienta con Negrini, no se hablan, Malkovich baja de la litera y va renqueando hasta la cocina. Ahora! me alzo de un salto y le grito:


-Tú, Cerdo ! -










A las dos serán las tres y cuarto


             Hace días que vivo a las tres y cuarto, cada vez que miro al reloj que hay colgado encima de la puerta de la cocina son las tres y cuarto. La mesa de la cocina está al lado de una ventana donde me siento a tomar el sol mientras leo noticias y retomo proyectos, todo al mismo tiempo, sin resolver nada y abriéndolo todo por enésima vez.


Cada vez que quiero reubicarme en el espacio tiempo, miro instintivamente el reloj y siempre son las tres y cuarto. A veces es perfecto, es exactamente la hora que esperaba que fuese, y vuelvo aliviado a divagar. A veces es desconcertante, me preguntó cómo podía estar tan desubicado, como puedo haber sido tan inocente, las tres y cuarto me acusan y me hunden por completo.


Mis tres y cuarto se han hecho tan especiales. Vuelvo a mirar socarrón el reloj, tarde tras tarde, esperando que me diga exactamente lo quiero oír. Si voy a cualquier lugar de la ciudad, vuelvo corriendo a casa porque la ciudad está infestada de relojes que no quiero ver. LLego a casa al borde del ataque de pánico, y vuelven a ser, las tres y cuarto.


Hoy he decidido cambiarle la pila al reloj de la cocina, pero no ha cambiado nada, siguen siendo las tres y cuarto. No es una mala hora en la que quedarse, puedo comer en horario español, echarme un rato, tener sexo de media tarde o dejar que el programa idiota que viene después de las noticias se siga reproduciendo sin hacerle mucho caso.


Ahí estamos, yo y mi reloj, enamorados el uno del otro, un amor profundo y disfuncional. Otro día más sentado en la mesa de mi cocina a las tres y cuarto. Me llega un mensaje de mi hermano y me dice que a él también se le ha parado el reloj. Habíamos compartido algún amor a lo largo de nuestras vidas, pero este, me duele especialmente compartirlo.  Y luego todo el mundo a la vez, todos con el reloj parado. Resulta que sí, que se podía parar todo.


Pasan los días suspendidos, ligándose invisiblemente los unos con los otros, los otros con los unos. Adelante y atrás, atrás y adelante. Ahora son, para todos, las tres y cuarto.


Rezaba un titular en la vanguardia, que anoche “a las 2 serán las 3” y da igual. Yo me enamore de las 3 y cuarto, antes que nos secuestrara a todos. Espero que no os olvidéis de ese gran amor, una vez que el reloj vuelva a correr y vuestro romance de la primavera de 2020 haya acabado.

                                                      Marcos Nacar