JUEVES 19:21h 



Sentada delante del ordenador escribiendo esto, hundo un poco más la bolsita de té para probar la capacidad respiratoria de las hierbas.

Es divertido desafiar mi creatividad. Hay veces que me preparo todo un super kit (que no tengo) de super escritora (que no soy) para levantar la tapa del ordenador (de eso si que tengo). Encenderlo. Poner la Page(s) in white y mirarle hasta las entrañas. Esperar 10 minutos. Teclear alguna frase. Dudar. Abrir el navegador. Buscar como hacer tortillas veganas sin huevo. Ya estamos otra vez. Que bonita es la procrastinación.

Y hay otras que me viene como una arcada que sé que si no me vomito encima es todo un logro. Normalmente, estos días son los que me pregunto sobre mi existencia. Siento que mi vida no tiene ningún sentido. BUM. Como que de repente estoy aturdida y parada en medio de una avenida gigantesca como la de enfrente de mi casa y no para de pasar gente con sus envidiables vidas energéticas. Yo les observo y les miro atentamente. Hasta que uno me grita: “¡Cómprate una vida!” Y otro se anima: ¡Y decídete ya! Pero yo sigo allí remisa, incapaz de dar un paso y pensando en gritar: ¡Gracias por la mierda de consejo, señores! (En mi imaginario sí, son señores, blancos, de mediana edad y con maletín). Seguramente si encontrara alguien que tuviera claro el sentido de la vida le aconsejaría (porque me conozco) que se lo guardara bien, porque posiblemente iría a robárselo. La parálisis es una sensación que no busco, pero tampoco freno. 

Me planteo entonces que me gustaría ser pequeña para poder esconderme detrás de las piernas de los adultos. Amarrarte a un ser superior sabiendo que va a decidir lo que cree que es mejor para ti, lo proyecto en mi mente como una sensación de alivio. Solo he comunicado el espanto que me supone la vida y como respuesta me han regalado el gesto cariñoso de recorrerme la mano por la espalda.

Que bonito es escribir para no tener que decir las cosas en voz alta. A veces suenan demasiado fuertes. Escritas puedo camuflarlas en un pedante chasqueo con la boca que sentencia la ignorancia del otro, una mirada por sobre el hombro: “Literatura, chiqui”. El chiqui no lo diría, pero me da risa pensar que sería capaz de utilizarla. Mecanismos de defensa, always.

Estoy bien mamá, es sólo que soy sensible como a veces me reprocha la vida e intensa como vivo ésta. Voy a seguir escuchando música triste y poner más agua a calentar. Se me ha vuelto a enfriar el té.

Núria Frías